El sector privado lidera el consumo de los hogares en Cuba: representa el 55% de las ventas minoristas
Un cambio estructural se consolida en la economía cubana: por primera vez, el sector privado concentra la mayor parte del gasto en ventas minoristas, según datos oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).
Un giro en el patrón de consumo
Al cierre de 2024, el 55% de las ventas minoristas en Cuba se realizaron a través de actores privados, frente al 45% correspondiente al sector estatal. Aunque los datos están expresados en pesos cubanos (CUP) y no reflejan necesariamente un mayor volumen de bienes vendidos, sí confirman una mayor cantidad de gasto por parte de los hogares en mipymes, trabajadores por cuenta propia (TCP), cooperativas y proyectos de desarrollo local (PDL).
Este cambio representa un hito en la estructura del comercio minorista del país, marcado por el retroceso del sector estatal y el ascenso sostenido del sector privado.
Causas del cambio: crecimiento privado vs. contracción estatal
Expansión del sector privado (2021–2024)
La transformación ha sido impulsada por una rápida expansión del ecosistema emprendedor cubano:
- Más de 11 mil mipymes aprobadas (más de 9 mil operativas)
- 470 mil trabajadores por cuenta propia
- Alrededor de 5 mil cooperativas
- 1080 proyectos de desarrollo local (PDL)
- Ampliación del catálogo de actividades autorizadas de 127 a más de 2000
Las mipymes y los TCP, por su volumen y flexibilidad, lideran las ventas privadas con el 29.4% y el 24.9% respectivamente. En contraste, las cooperativas y los mercados agropecuarios no superan el 1% de participación.
Retroceso del sector estatal
Desde la pandemia y el endurecimiento de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos, la oferta estatal de bienes básicos se ha reducido considerablemente. Entre los productos afectados se encuentran los cárnicos, aceites, arroz y pastas, así como bebidas, ropa, calzado, materiales de construcción y artículos del hogar.
Esta contracción ha dejado espacios vacíos que el sector privado ha comenzado a ocupar, pese a enfrentar limitaciones propias.
El Estado conserva monopolios estratégicos
A pesar del avance privado, el Estado mantiene su control absoluto sobre sectores considerados estratégicos o vedados a los emprendimientos. Entre ellos están la electricidad, el transporte público, las telecomunicaciones, la educación, parte significativa de la gastronomía y la venta de combustibles. En estos casos, la participación estatal es del 100%, independientemente de su volumen.
Oferta privada creciente, pero aún insuficiente
El crecimiento del sector privado no compensa totalmente las necesidades de consumo de la población ni del sector mayorista, aunque la ONEI no incluye estos últimos en sus reportes.
La limitada capacidad de producción interna, la inflación, la falta de financiamiento y las restricciones para importar y legalizar nuevos emprendimientos limitan el impacto del sector privado. Aun así, ha logrado ocupar una parte cada vez mayor del mercado gracias a su capacidad de adaptación.
Alta dependencia de importaciones
Aunque el informe no especifica el origen de los productos vendidos, la observación directa de tiendas privadas y estatales sugiere que la mayoría de los bienes comercializados son importados. Esta dependencia refuerza una debilidad estructural de la economía cubana: su escasa producción nacional y su vulnerabilidad frente a las condiciones externas.
Superar este patrón requiere políticas públicas orientadas a la transformación productiva, con incentivos adecuados para que empresas nacionales de todos los sectores puedan incorporarse de manera sostenida a la oferta de bienes de consumo.
Los datos de la ONEI confirman una realidad que ya era evidente en las calles: el sector privado se ha consolidado como actor principal en el consumo de los hogares cubanos. Su capacidad de crecimiento y resiliencia, incluso en un entorno adverso, lo ha posicionado como pieza clave en la economía diaria de miles de familias.
Sin embargo, su desarrollo no resuelve por sí solo las distorsiones estructurales del país. El verdadero reto será transformar ese dinamismo emprendedor en una base productiva sostenible, integrada a un modelo económico más equilibrado y menos dependiente del exterior.
(Foto de portada tomada del Observatorio Legislativo de Cuba)
(Con información de la ONEI y AUGE)
