FIHAV 2025 y el impulso (con límites) al comercio electrónico en Cuba
La Feria Internacional de La Habana (FIHAV) 2025 cerró con un mensaje nítido por parte de las autoridades cubanas: existe voluntad política de convertir este foro en un motor para atraer inversiones y dinamizar sectores estratégicos, entre ellos el comercio electrónico. La reorganización temática de la feria —con áreas dedicadas a la innovación, la energía, el “Made in Cuba” y el comercio exterior— mostró una clara intención de presentar al país como un destino que busca modernizarse y abrirse a nuevas formas de intercambio económico, tal como reflejaron los reportes de prensa oficiales. Sin embargo, las oportunidades que se anuncian conviven con tensiones estructurales que condicionan la verdadera capacidad de crecimiento digital en la isla.
Uno de los puntos más citados en el balance de FIHAV es el peso creciente de Transfermóvil, la plataforma estatal que ya supera ampliamente los mil millones de operaciones anuales, un dato confirmado por medios cubanos que la presentan como la columna vertebral de los pagos digitales en el país. Ese avance evidencia que la población ha incorporado hábitos digitales y que existe una infraestructura básica para sostener un desarrollo más amplio del e-commerce. Sin embargo, la fortaleza de Transfermóvil contrasta con las limitaciones del ecosistema: fallas de conectividad, precios elevados del internet móvil y la dolarización parcial del acceso a la red, una medida que —según análisis de la prensa nacional— profundiza desigualdades y restringe el uso intensivo de servicios digitales por parte de grandes sectores sociales.
A esta brecha se suma un entorno financiero complejo. Aunque en la feria se reiteró el interés del gobierno en facilitar operaciones en divisas, promover inversiones y simplificar trámites, Cuba continúa enfrentando obstáculos para canalizar pagos desde el exterior y atraer capital extranjero con garantías regulatorias. Expertos entrevistados en medios especializados subrayan que sin un marco jurídico estable para cuentas en moneda extranjera, impuestos digitales y repatriación de ingresos, el comercio electrónico no podrá escalar. Las señales dadas en FIHAV apuntan hacia una posible flexibilización, pero aún están lejos de traducirse en normas claras que generen confianza a largo plazo.
En el plano logístico, las dificultades son igualmente determinantes. El comercio electrónico depende de la eficiencia en la gestión de inventarios, almacenes, transporte y devoluciones. Aunque en FIHAV se anunciaron proyectos para fortalecer cadenas de suministro, la infraestructura existente —marcada por limitaciones energéticas, transporte irregular y altos costos de importación— ralentiza la expansión de cualquier emprendimiento digital. Para analistas consultados por medios con presencia en la feria, esta área exige inversiones sostenidas y alianzas público-privadas capaces de suplir carencias estructurales que el Estado no puede enfrentar solo.
A pesar de estos desafíos, FIHAV dejó entrever un escenario donde el comercio electrónico puede crecer, aunque no de forma homogénea. En el corto plazo, es probable que avance mediante plataformas que permitan pagos desde el exterior —un hábito ya consolidado entre la diáspora— y mediante pequeños negocios privados que aprovechen Transfermóvil para transacciones internas. La demanda, por ahora, seguirá concentrada en nichos urbanos con mejor acceso a internet, mientras la desigualdad digital frena una expansión masiva. Este diagnóstico aparece de manera consistente en reportes y análisis económicos publicados en medios nacionales y extranjeros durante la última semana de la feria.
FIHAV evidenció también que el futuro del e-commerce cubano dependerá de la capacidad estatal para adaptar regulaciones y de la disposición de los inversores a trabajar en un entorno volátil. Para avanzar, Cuba necesitará consolidar un marco normativo para consumidores digitales, proteger datos personales, definir impuestos para transacciones online y crear mecanismos de resolución de disputas. Son elementos habituales en ecosistemas digitales de la región que aún no están plenamente codificados en Cuba, y cuya ausencia genera incertidumbre entre empresas extranjeras interesadas en operar en la isla.
Aun así, el balance de FIHAV 2025 permite entrever oportunidades concretas. Si el país lograra estabilizar el acceso a internet, facilitar pagos transfronterizos y mejorar la logística urbana, el comercio electrónico podría convertirse en un motor de ingresos y en un espacio atractivo para la diáspora, que ya juega un papel central en el sostenimiento económico de miles de emprendimientos. En ese escenario más estable, la promoción de “Made in Cuba” podría expandirse hacia mercados internacionales a través de tiendas digitales con capacidad exportadora, un objetivo que el propio gobierno mencionó en varias intervenciones durante el evento.
FIHAV deja así un horizonte lleno de posibilidades, pero también un recordatorio: las ferias abren puertas, no las cruzan. Para que el comercio electrónico se convierta en un sector estratégico en Cuba, será necesario transformar en políticas concretas lo que hoy son intenciones; mejorar la infraestructura tecnológica y logística que sostiene cada compra; y construir la confianza regulatoria que empresas digitales —cubanas y extranjeras— necesitan para operar. Las perspectivas existen; su realización dependerá de cuánto del impulso mostrado en la feria se traduzca en reformas sostenidas en los meses y años que vienen.
