Residencia Albero Dulce, un oasis habanero para encontrar paz y equilibrio

Albero Dulce

Hay un lugar en el Cerro, cerca de la Plaza de la Revolución y del Estadio Latinoamericano, que hace siete años no existía. Al menos, no en su concepción actual. Era una casa familiar – ¿o eran dos?- en un barrio popular, en una calle (Marta Abreu) relativamente discreta y escasamente turística, ubicada justo a la salida de uno de los asentamientos chabolistas más reconocidos de esta zona habanera: San Martín.

 

La Residencia Albero Dulce se levanta hoy en ese lugar, contribuyendo a dinamizar una calle que, poco a poco, ha ido cambiando sin perder su esencia barrial. Marte Abreu e/ avenida 20 de mayo y calle Enrique Villuendas (con esa vía al centro en dirección a San Martín, que permite que la arteria tenga tres salidas), pareciera que lo tiene todo para ser una calle próspera para sus habitantes: por allí han vivido desde glorias deportivas hasta actores de renombre como Luis Alberto García (padre), hay una escuela primaria, una fábrica de medicamentos; a un extremo y otro de la calle hay un estudio de arte, por un lado, y una mipyme se levanta al otro, un negocio que promete dar una nueva vida al barrio. Y en el centro está Albero Dulce, un lugar que, sin duda, es más que un hotel boutique. 

 

Se trata del sueño que cuidadosamente, y respondiendo a una visión adaptativa (en medio de la endemoniada realidad cubana), han ido amasando Celine y Matteo, un matrimonio ítalo-cubano que se propuso en 2016 hacer algo más que una casa de rentas. Y empezaron a construir ese sueño, con ideas, cemento, ladrillo y arena. La casa, que en principio tenía un piso, ha llegado a tener cuatro, ha pasado por varias fases constructivas y asimilado nuevas capacidades, para ofrecer una diversa gama de servicios y abrir sus puertas a distintos eventos. 

 

Después de una primera fase constructiva, inauguraron en mayo de 2018 con tres habitaciones. Querían proponer a sus clientes algo distintos a las casas particulares que ofertaban servicio de alojamiento en ese momento en la ciudad. Conversamos con Celine Terry Fuentes una de las gestoras de Albero Dulce, quien nos cuenta que en esa decisión influyó mucho la ubicación, que no era una zona turística por excelencia.

 

“En ese momento –explica Terry- había mucho turismo, pero nos faltaba el ecosistema de negocios privados que hay ahora, una estructura comercial que permitiera el acceso a recursos para el negocio; no existían paladares y restaurantes en zonas cercanas a nosotros. Entonces se nos ocurrió formular algunos servicios que nos hicieran diferente a lo que se movía en el mercado de casas particulares, además de servir de apoyo a otras casas particulares. Así fue cómo surgió la idea de hacer cenas, desayunos; muchos turistas de otras casas venían a Albero Dulce a consumir”.

 

Una de las habitaciones.

 

Sobre la identidad del formato, a más de un visitante, sobre todo cubanos, le ha extrañado el nombre del local, algo que siempre suscita la pregunta y para los dueños tiene anécdota. Resulta que la casa cuenta con el único árbol frondoso de toda la manzana –un espeso bosque de edificios familiares-. Desde la primera fase constructiva, ese árbol se mantuvo testigo de todo el proceso, cuenta Celine, resistiendo cemento, huracanes, todo. “Cuando terminamos la construcción recuerdo que nos paramos en el rooftop y el árbol tenía frutas. Eran chirimoyas y cuando las probamos eran dulcísimas, entonces se nos ocurrió que el nombre de la estancia fuera algo así como la casa del árbol, pero un árbol dulce (albero dulce, en italiano). Por otro lado, nuestros clientes hasta ese momento nos decían que, según sus experiencias internacionales, para ellos este lugar estaba a camino entre un hotel y una casa particular típica: para ellos era como una residencia. Y ahí salió Residencia Albero Dulce”.

 

Para Celine, esa historia impone una metáfora que define el crecimiento y evolución del negocio. “Este lugar ha surgido como ese árbol que ha ido creciendo, se ha ido moldeando con el tiempo y dado frutos. Un árbol que cuando llega la pandemia, sin turismo, debió buscar otros acomodos”.

 

La clave en Albero Dulce ha sido tratar a los clientes como si fueran familia y puede sonar como algo trillado –todos los negocios quieren hacerte sentir como en casa, como familia, etc.-, pero aquí esa idea define todo el proceso. “Nosotros también vivimos en la casa, acompañamos a los clientes e incluso, salimos con ellos. Al incluir a los clientes en nuestras actividades de la vida diaria se siente una experiencia familiar. Para mí esa es la base de un buen servicio, hacer que los clientes se sientan en casa. Ser hospitalarios, pero no de la forma comercial, queriendo venderles todo, sino hacerlos sentir parte de la cultura”, puntualiza Celine Terry, joven empresaria de 28 años, nacida y criada en el Cerro.

 

Un desayuno en Albero Dulce.

 

Fue con la llegada de la pandemia, sus efectos y el posterior alivio de las restricciones de movilidad, que Albero Dulce abrió sus puertas a eventos de coworking entre emprendedores. La residencia comenzó a ser el escenario de bazares, ventas de garaje, utilizando los espacios comunes, sin dejar de ser un alojamiento. En paralelo, Celine crea su blog de reseñas, con la cocina como pretexto y su actividad en redes sociales con el nombre de Guara foodie  -hoy es Guara flow-. Asimismo, profundiza en su interés por el yoga.

 

Estos dos hobbies, la cocina y el yoga, se convierten en actividades que son medulares en Albero Dulce, donde los huéspedes pueden reunirse en torno a una amplia mesa redonda a comer el pollo en cazuela de la abuela Noelia, con congrí, tostones y ensalada. Con ese mismo espíritu de compartir, hoy la residencia también opera como un centro holístico, destinado a actividades sobre bienestar, como el yoga.

 

Sesiones de yoga en Albero DulceSesiones de yoga en Albero Dulce.

 

Celine nos cuenta que el origen de las sesiones de yoga viene a raíz de la invitación que le hace a su profesora, ante el cierre del espacio donde esta impartía las clases de esa práctica. “La invito a la terraza de Albero Dulce a impartir esas sesiones y ahí sembramos la semilla del centro holístico, empezamos a hacer eventos y talleres sobre todo lo que tuviera que ver con el bienestar psíquico-físico de las personas”.

 

Esas actividades se han mantenido en el tiempo, convirtiendo la residencia en un espacio muy visitado por huéspedes y habitantes locales que acuden a las sesiones de yoga, a talleres de danza árabe, cursos de masaje, talleres de Reiki. Ello ha permitido que a Albero Dulce lleguen profesores de Chile, Uruguay, a hacer workshops holísticos y a ir definiendo cómo quieren centrar su actividad sobre estos aspectos. En 2023, cuenta Celine, se les da la oportunidad de ampliarse constructivamente–pasaron de tres habitaciones a seis- y proyectaron una terraza más amplia, ideal para los eventos y sesiones de yoga y una cocina externa, donde la joven generadora de contenidos realiza cooking shows. “Es una terraza holística”, acierta en decir.

 

Los eventos en Albero Dulce son, por lo general, a casa abierta. “Las habitaciones, si no están ocupadas, las convierto en  un SPA, en otra hay una muchacha que tira las cartas o un espacio con barra para estiramientos y la gente se mueve alrededor de la casa”.

 

Habitaciones en Albero DulceHabitaciones de Albero Dulce

 

“En La Habana no hay un lugar parecido a este”, sintetiza la gestora y hace hincapié en que la diversidad de servicios que hoy pueden disfrutarse en Albero Dulce ha sido fruto de una evolución espontánea. “Fueron decisiones que tomamos con el paso del tiempo y decidimos mantener”.

 

Otro elemento a destacar es la relación del espacio con el arte y la conciencia ecológica de sus gestores. “Cuando hicimos las remodelaciones y pasamos de tres habitaciones a seis, se nos ocurrió que cada habitación tuviera un fresco, un mural. Fueron pintados por muchachos de la Academia San Alejandro y del Instituto Superior de Arte (ISA), siempre con la temática tropical, el verde, las planta, la selva”. Ello ha permitido que hoy los huéspedes puedan disfrutar de estampas y estéticas refrescantes, con nombres sugerentes y alegóricos, desde las suites Malanga y Areca, hasta las habitaciones Canna Superior, Monte, Palma y Patio.

 

“Además de eso, creo que somos de las pocas casas con un huerto urbano, hacemos diferenciación de los desechos y próximamente tendremos paneles solares, porque queremos ser lo más ecológicos y sostenibles, dentro de lo que se pueda.  Una de mis ideas y sueños es impactar positivamente en mi calle, en mi entorno, con temas como estos. Me gustaría y ojalá tuviera apoyo de la comunidad para ello”, sintetiza Celine.

 

Otra de esas ideas que fueron saliendo por el camino es la experiencia del Vintage Safari, tours que realizan con su remodelado auto clásico de los años 50, por la ciudad e incluso fuera de La Habana. “Tenemos dos coches antiguos y cuando hay necesidad de otros automóviles, tenemos coches amigos que se unen para poder hacer la experiencia”, comenta Celine haciendo énfasis en lo imprevisible que fue la decisión de ofrecer ese servicio a los huéspedes.

 

Matteo conduce su auto clásico de los años 50, con el que realiza la experiencias Vintage Safari.

 

Matteo, la otra parte de esta historia, compró el carro porque simplemente le gustaba, sin intenciones de dedicarlo a una actividad comercial. “Es el mismo carro con el que hacemos nuestra vida diaria. Ahí nos montamos con los clientes, como si fueran parte de la familia y los llevamos a los mismos lugares que vamos nosotros. Cuando el cliente te pide algo más típico, turístico, entonces nosotros tenemos por supuesto las experiencias típicas, los recorridos, pero nosotros hacemos experiencias completamente diferentes”, puntualiza Celine.

 

Si el cliente quiere conocer la historia de Hemingway, ellos lo llevarán a Finca Vigía, no al Floridita; irán a Cojímar a ver cómo los pescadores hacen su labor, comprarán el pescado y lo asarán ellos mismos en el hostal. Irán al agro a comprar la hierbabuena, conseguirán el ron y harán mojitos en Albero Dulce. “Hacemos otro recorrido que me encanta: ir a conocer Banana City (El Plátano, otra sección chabolista que está cerca de Albero Dulce, cruzando la avenida 20 de mayo, cuyos habitantes han hecho grandes construcciones en los últimos años y por eso es la broma en el barrio de nombrarlo en inglés). También vamos a ver un solar y los he llevado donde vivía mi abuela en Centro Habana, que le dicen el solar de los aburridos; vamos al Callejón de Hamel y a La Guarida, para que comparen”.

 

Residencia Albero Dulce es una forma distinta de disfrutar la ciudad para un visitante foráneo y es un espacio que, de vez en cuando, abre sus puertas a emprendedores y públicos interesados. Solo hay que llegarse. "Con la experiencia histórica de Cuba y lo vivido durante la pandemia, nos dimos cuenta de que no podemos trabajar solo con el cliente internacional, por eso yo apuesto tanto por trabajar con el turismo local y las personas de la comunidad. Se trata de crear valor para las personas que vivimos en Cuba. Seguimos explorando varias ideas".

 

Para finalizar, dos reflexiones relevantes que Celine Terry Fuentes, una joven egresada de la Universidad de La Habana en 2019, licenciada en Contabilidad y Finanzas, no deja pasar por alto.

 

¿Cómo ves el panorama del emprendimiento en Cuba actualmente?

 

"Hay mucho potencial por explotar todavía. Lo que pasa es que las condiciones socio-económicas del entorno, a nivel de municipio, de ciudad, de país, no te permiten ir más allá de lo que tú quisieras hacer. Aunque tú crees una red de motivación en el barrio, la gente no está conectada con las ideas de progreso que traen algunos emprendimientos. De alguna forma no se sienten parte. El suelo fértil está, solo hay que regarlo y cuidarlo".

 

¿Cómo ha impactado en tu negocio el trabajo asociado a plataformas de comercio electrónico?

 

"Aunque en Cuba tenemos un atraso importante en el acceso a esas plataformas, el mundo va hacia ciertas dinámicas donde nosotros no deberíamos quedarnos fuera, por ejemplo el comercio electrónico, las pasarelas de pago, la facilidad que te dan ciertas herramientas a nivel comercial, para poder tener una forma de acceder a moneda dura, las que se mueven en el mundo, como el euro, el dólar.

 

"Nosotros trabajamos durante mucho tiempo con Tropipay y Revolupay. Nos apoyaban, como pasarelas de pago, a recibir los pagos de las agencias que trabajaban con Cuba, una realidad que ha cambiado. Esas agencias, de nuevo, dejaron de funcionar. Era muy útil porque te entraba el dinero ahí y con esa misma plataforma, con ese monedero electrónico, podías acceder a insumos que necesitabas para seguir operando tu negocio.

 

"Ahora, al no tener esas agencias, no hay entrada a esas plataformas. Esas plataformas sirven para las reservas directas, otro escenario que ha cambiado desde que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos no le renovó la licencia a esas agencias para operar con Cuba: no hay plataformas para visibilizar las casas en Cuba a los clientes internacionales.

 

"Ando buscando qué otras plataformas puede haber para inscribirnos. Nosotros tenemos página web y muchos clientes nos escribían porque veían antes el nombre de la casa en esas plataformas, te buscaban luego en la página web y te reservaban. Ahora esa visibilidad no es igual. Otra vía pueden ser las redes sociales, la gente que busca casas para rentarse en otro país no se fía mucho de eso. Las redes sociales, hasta ahora nos han servido para visibilizarnos a nivel nacional, pero no te dan una visibilidad amplia a nivel internacional, a no ser que seas una estructura más establecida y robusta como el Ecléctico o Malecón 663".

 

Fotos: cortesía de Residencia Albero Dulce

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