Si Ian Scharader viniera a Cuba: Malecón 663 y la moda de los hoteles boutique en la isla

www.malecon663.com

Cuando el empresario estadounidense Ian Schrager fundó Morgans Hotel en el 237 de Madison Av. –era el New York de inicios de los ’80-, buscaba impactar con una marca que se apartara de los recintos turísticos tradicionales, diseñados para el turismo de masas. Sin saberlo, inició el camino de un concepto basado en la exclusividad del trato personalizado al cliente (para ello el establecimiento debe contar con pocas habitaciones), combinado con la promoción de determinada cultura popular, a través del arte, así como la conexión con experiencias cotidianas de la vida citadina: así nació el«hotel boutique».

 

«Quería estar en un hotel que me gustase (…) algo especial, único, algo que magnificase la cultura popular y que hable de una generación, que incluya el tipo de bares y restaurantes a los que me gusta ir, que puedas sentir que estás en un lugar moderno. Así, un hotel boutique significa una actitud específica y la antítesis del hotel como producto masivo», aseguró en una ocasión Schrager a la revista VanityFair, quizás sin saber que el eco de aquellas ideas llegarían a Cuba, con el auge del turismo internacional hacia el archipiélago en la última década.

 

Las olas de innovación y la brisa de lo novedoso – si bien han penetrado en otras áreas más intrincadas de la capital y en el último lustro se han diversificado los espacios- encontraron en la avenida del malecón habanero un punto de referencia del concepto «hotel boutique», en la capital de la Mayor de las Antillas. Malecón 663 se impone hoy con rotunda aceptación del visitante foráneo y la clientela local.

 

Entre la inmensidad inabarcable del mar que baña, día tras día, al desgastado muro del malecón de La Habana, junto al bullicio habitual de una ciudad añeja, se levanta el imponente edificio de tres pisos, coronado por un rooftop que no tiene nada que envidiarle a ciertos establecimientos con envergaduras mayores: ¿acaso se necesita algo más teniendo el mar enfrente? Tal vez, confort y un buen cóctel.

 

El sentido de la exclusividad podría considerarse el hilo conductor de Malecón 663, pues el eclecticismo que arropa la construcción y el exquisito diseño de interiores sitúa al cliente ante estampas únicas. Cada instante dentro del colosal edificio es, cuanto menos, singular.

 

Cuatro habitaciones están a disposición del viajero más exigente y ninguna guarda parecido con la otra. Desde la habitación Hoy como ayer y esa reminiscencia de los años ‘50, a través de diferentes elementos que tipifican lo añejo de la ciudad, hasta los elementos de art decó presentes en la Mambo Number 5, proponen una mirada al encanto de lo «retro», tan presente en la cotidianidad del cubano.

 

Gozando en La Habana estará a la disposición de cualquier huésped que acceda a esa habitación, ubicada en el tercer nivel: un espacio reconfortante con elementos contemporáneos, ideal para una noche frente al mar. El Cuarto de Tula es pura vida, lleno de colores dinámicos, perfectos para una noche intensa con el colorido propio de aquellos carnavales habaneros del siglo pasado.

 

El secreto de este lugar es hacer sentir al visitante como en casa; pero, una casa idílica. Corona la experiencia un menú exquisito, arriesgado e impredecible, capaz de llevarnos de viaje a la Italia napolitana, a la campiña francesa o envolvernos en nuestra propia salsa criolla. Todo ello, sin necesidad de movernos de ese paradisiaco entorno, donde el metro cuadrado se aprovecha para divulgar el arte local: cuadros, esculturas, objetos de decoración vintage o motivos pictóricos en las paredes, entre las más insospechadas creaciones artísticas.

 

La coctelería resulta otra baza que siempre sorprende. Cócteles singulares que hacen referencia a temas musicales – porque la música es otra anfitriona obligada del espacio-, nos invitan a recrearnos en historias tan intrigantes como fascinantes, ya sea porque nuestra imaginación eche a andar con el primer sorbo, o porque el barman nos entretenga con cierta anécdota asociada al trago.

 

Entonces, Me voy pa’ mi casa trasciende la obra musical de Cimafunk y se convierte en pura psicodelia revestida de aguardiente, jengibre, limón y miel, capaz de hacerte pedir una preparación similar o seguir explorando la playlist coctelera.

 

Son estimulantes las puestas de sol vistas desde el rooftop, lleno de colorido con ese aire vintage que se respira en todo el edifico de Malecón 663, mientras toca una banda de jazz alternativo o una sesión relajada del Dj.

 

Probablemente, si algún día Ian Scharader viniera a Cuba y se topara con este mágico lugar, constataría asombrado el alcance y la superación de su visión integradora en torno al servicio y gestión turísticos. Incluso, me atrevo a pensar que no se iría hasta pernoctar en cada una de las habitaciones, para descubrir los secretos que guarda cada obra de arte y cada rincón de ese paraíso a las puertas de lo inmenso llamado Malecón 663.

Artículos relacionados

Imagen tomada del perfil de Instagram de Eva Mendes
Eva Mendes: una estrella de Hollywood con Cuba en sus raíces
Aunque nació en Miami y creció en Los Ángeles, Eva Mendes lleva la herencia cubana de sus padres como una parte importante de su identidad. Su nombre completo, Eva de la Caridad Méndez, ya refleja parte de ese vínculo familiar, mientras que las tradiciones, el idioma y las costumbres de su hogar estuvieron marcados por sus raíces cubanas.

Registrate para tener acceso a todos nuestros servicios