Estados Unidos cancela proyectos de vacunas de ARN contra el COVID-19 y la gripe
El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos anunció la cancelación de contratos y la suspensión de la financiación de 22 proyectos de desarrollo de vacunas basadas en tecnología de ARN mensajero, destinados a combatir virus respiratorios como el COVID-19 y la gripe.
La decisión implica el retiro de aproximadamente 500 millones de dólares y marca un cambio significativo en la política de vacunación del país.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., explicó que estos proyectos, dirigidos por la Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA), quedarán suspendidos a partir del 5 de agosto. Las investigaciones afectadas involucran a universidades y empresas como Emory, Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Sanofi Pasteur, Tiba Biotech, entre otras.
Kennedy, conocido por su escepticismo hacia las vacunas y especialmente hacia las de ARN, justificó la medida afirmando que se buscarán alternativas más seguras y duraderas. En un video difundido en sus redes sociales, señaló que su enfoque priorizará vacunas de virus completos y plataformas más resistentes a las mutaciones virales.
La decisión ha generado fuertes críticas de expertos en salud pública. Científicos como Mike Osterholm y Paul Offit advirtieron que abandonar la tecnología de ARN es una decisión arriesgada y miope, dado su papel crucial en la contención de la pandemia de COVID-19 y su potencial uso en futuras emergencias sanitarias. Además, destacaron que el ARN también se está investigando como base para inmunoterapias contra el cáncer.
A pesar de las críticas, el Departamento de Salud aseguró que otros usos de la tecnología del ARN dentro del organismo no se verán afectados y que este cambio responde a una reorientación de prioridades hacia nuevas estrategias de inmunización. Según Kennedy, ya se trabaja en una vacuna “universal” que simule la inmunidad natural y que podría ofrecer protección tanto contra el coronavirus como contra la gripe.
Este giro en la política sanitaria estadounidense refleja una visión distinta respecto al desarrollo científico de las vacunas y abre un nuevo capítulo en el debate sobre el futuro de la inmunización en el país.
