Cómo crear una tienda online desde Cuba, o los eternos tiempos de la inventiva

Comercio electrónico

Emprender en Cuba es siempre un acto de voluntad. Pero si algo ha demostrado la última década es que el ingenio local no se agota, solo se transforma. En un país donde la conexión es tan valiosa como la harina o el combustible, crear una tienda online puede parecer una utopía. Sin embargo, cada vez más cubanos logran hacerlo, no a pesar del contexto, sino gracias a su capacidad para adaptarlo a su favor.

 

El primer paso no empieza con la tecnología, sino con la legalidad. Desde 2021, el Ministerio de Economía y Planificación permite que las micro, pequeñas y medianas empresas —las mipymes— registren actividades de comercio electrónico. Granma explicó entonces que estas regulaciones abrieron “una vía para formalizar emprendimientos digitales”, lo que en la práctica significa poder operar con respaldo legal, emitir facturas, y asociarse a bancos cubanos para realizar cobros electrónicos. Quien quiera abrir una tienda debe, por tanto, empezar por ahí: tener un negocio reconocido, aunque sea de uno solo.

 

Una vez registrado el emprendimiento, llega el momento de elegir cómo vender. Aquí la realidad cubana impone sus propias reglas. Crear un sitio web desde cero es posible, pero suele ser costoso o técnicamente complejo. Por eso muchos optan por plataformas nacionales como EnZona o Transfermóvil, que permiten integrar catálogos y recibir pagos digitales dentro del país. Según datos del Banco Central de Cuba, citados por Tribuna de La Habana, en 2025 EnZona superó el millón de usuarios y las 100 000 tiendas activas, convirtiéndose en una de las herramientas más útiles para el comercio local.

 

Registrar un negocio en EnZona no requiere conocimientos avanzados: basta con tener una cuenta bancaria en CUP o MLC, un correo electrónico activo y un número de teléfono vinculado. Desde la propia aplicación se puede crear un “comercio digital”, agregar productos con fotos y precios, y compartir el enlace en redes sociales o WhatsApp. Es un sistema modesto, pero funcional. Los técnicos de Xetid —empresa desarrolladora de la plataforma— han insistido en que “el propósito es que cualquier usuario pueda vender o comprar desde su móvil, sin intermediarios”, como recoge Cubadebate en uno de sus reportajes sobre la economía digital.

 

Aun así, muchos emprendedores combinan estas herramientas nacionales con recursos externos. Algunos diseñan sus escaparates en WordPress o Shopify, usando dominios gratuitos o de bajo costo, y luego dirigen los pagos a EnZona o Transfermóvil. Esa mezcla entre lo local y lo global es una constante del ecosistema cubano: un sistema que no se ajusta a los manuales, pero que funciona mientras la creatividad y la conexión lo permitan.

 

El segundo desafío es la logística. En un país con limitaciones de importación y distribución, vender en línea significa también improvisar soluciones fuera de lo digital. Muchos negocios gestionan los envíos directamente, coordinando entregas por mensajería privada o mediante servicios como Correos de Cuba. En entrevista con Granma, un representante de la empresa estatal reconocía que “la demanda de entregas de productos adquiridos por internet ha crecido de forma sostenida”, aunque el sistema aún enfrenta demoras. Por eso algunos emprendedores recurren a métodos más informales: entregas a domicilio mediante motos eléctricas o alianzas entre pequeños negocios que comparten rutas.

 

Pero ninguna tienda online prospera sin visibilidad. Aquí entran las redes sociales, que en Cuba cumplen la doble función de vitrina y mercado. Facebook sigue siendo la principal plataforma de promoción, aunque Telegram y WhatsApp se han vuelto aliados indispensables para mantener la comunicación con los clientes. Muchos negocios publican sus catálogos en grupos, y aceptan pedidos mediante mensajes directos. En ese terreno informal, la confianza es la moneda más valiosa.

 

“Las redes sociales han sustituido el escaparate físico”, explicaba una especialista de ETECSA en Cubadebate. Y no le falta razón. La conexión limitada obliga a condensar la estrategia: menos anuncios, más cercanía. Mostrar quién está detrás del producto, contar la historia del emprendimiento y mantener una relación constante con los clientes genera un efecto multiplicador que ninguna inversión en publicidad podría igualar.

 

A medida que crece este ecosistema digital, también se multiplican las experiencias de éxito. En La Habana, pequeñas tiendas de ropa o cosmética artesanal han logrado sostenerse vendiendo exclusivamente a través de EnZona y Telegram. En Santiago de Cuba, productores de alimentos locales aprovechan los catálogos digitales para comercializar directamente sin intermediarios. Ninguno de estos negocios funciona con las reglas clásicas del comercio electrónico global; funcionan con las reglas cubanas, las de la necesidad y la invención.

 

No obstante, los retos son claros: el acceso irregular a internet, los altos costos de los datos móviles y la falta de plataformas de pago internacionales dificultan la expansión. En palabras del economista Omar Everleny Pérez, citadas por Granma, “la digitalización avanza, pero necesita respaldo estructural para convertirse en motor económico real”. Es decir, el talento existe, pero aún falta la infraestructura.

 

Sin embargo, para muchos emprendedores, abrir una tienda online en Cuba no es tanto un negocio como una forma de autonomía. Vender en línea significa poder ofrecer algo al margen del desabastecimiento, resolver con ingenio y mantenerse conectados a una red de consumidores que comparten las mismas limitaciones. No hay manuales infalibles: cada tienda es una invención en tiempo real.

 

Crear una tienda online en Cuba, entonces, no es solo subir productos a una página web. Es registrar una mipyme, enlazar una cuenta bancaria, abrir un comercio digital en EnZona, aprender a contar una historia en Facebook y, sobre todo, creer que del otro lado hay alguien dispuesto a comprar, confiar y apoyar.

 

En un contexto donde cada clic cuesta, vender también es un acto de fe. Pero la fe, en Cuba, siempre ha sido una herramienta de trabajo.

 

Foto:THGIngenuity

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