El giro a la derecha de las redes sociales y el efecto TikTok
Con el título “Las redes sociales completan su giro a la derecha: ‘TikTok es decisivo’”, El País denuncia un fenómeno que muchos estudios venían anticipando: la convergencia ideológica de las plataformas digitales hacia agendas conservadoras.
El medio sostiene que la filial estadounidense de TikTok, bajo la presión política de EE. UU., pasó a operar con una junta que responde “a la Casa Blanca”, mientras empresas de magnates cercanos al poder se incorporan al control simbólico de la plataforma. Figuras como Rupert y Lachlan Murdoch estarían llamadas al esquema directivo de TikTok, junto a Larry Ellison, alineando así el rumbo ideológico de la red social con intereses republicanos. El artículo advierte que TikTok fue “la gran plataforma que faltaba por colocarse en la órbita de la Casa Blanca”, pues entidades anteriores (Facebook, Instagram) ya venían experimentando ajustes de contenido y algoritmos favorables a contenidos de derecha.
Un dato particularmente revelador del texto es esta afirmación: “Quiero que unáis las piezas, porque lo que quiere decir esto es que todas las plataformas masivas de redes sociales de Estados Unidos están controladas por la derecha.” La cita proviene de la congresista demócrata Alexandria Ocasio‑Cortez, quien alertó que, más allá de neutralidad aparente, el control real sobre algoritmos y contenidos ya reconfigura el espacio público digital.
La columna también aborda el viraje funcional de estas plataformas: la economía de la atención converge con dinámicas políticas. Los algoritmos, diseñados para maximizar interacciones (likes, reacciones, controversias), promueven discursos extremos y polarizadores —“lo que genera más atención”, explica la experta Cecilia Rikap citada por el artículo— con una lógica que favorece discursos de odio, xenofobia, conservadurismo extremo.
Este giro no es accidental ni espontáneo: es parte de una estrategia político-comercial. Las grandes tecnológicas y sus fundadores comparten no solo intereses económicos sino afinidades ideológicas. “El poder ya no reside en los bancos, sino en quienes controlan los algoritmos que nos moldean día a día”, sentencia el artículo.
Para Cuba y América Latina, esta deriva tiene implicaciones urgentes. En países con limitadas regulaciones digitales, sistemas de monitoreo estatal o intervención de plataformas foráneas, el riesgo es que el dominio tecnológico funcione como instrumento de control político más que como canal democrático. Cuando redes dirigen qué se ve, qué se viraliza, qué permanece censurado o qué es noticia, los gobiernos autoritarios pueden aprovechar ese poder algorítmico con eficacia aterradora.
El llamado que sugiere El País, implícito pero claro, es que debemos construir contrapesos: infraestructuras digitales locales, marcos de supervisión ciudadanos, redes alternativas abiertas y alfabetización tecnológica crítica. No basta con consumir; se requiere comprender cómo las plataformas moldean nuestros deseos. En un mundo donde cada desliz en la pantalla es un dato en la base de un "tecnolord", la resiliencia se halla en recuperar la inteligencia colectiva frente a algoritmos que ya no son herramientas neutrales, sino instrumentos de poder y disciplina.
Foto: Ruth Garita/OCM

