Artehotel, un lugar donde se cultiva cultura
Hay lugares que, al entrar en ellos, pareciera que te cuentan una historia. Hablan desde cada uno de sus rincones y nos describen un pasado, nos ayudan a decodificar el presente e incluso, elucubran el futuro, como si de un libro se tratase. Es algo que ocurre, no me cabe duda, en Artehotel, un hotel boutique ubicado en el número 210 de la calle 2 e/ calle 11 y Línea, en el Vedado habanero.
Es una dosis concentrada de Cuba y su buen arte, dentro de la misma Cuba. Y ya verán por qué. Entre 2010 y 2016, el fotógrafo español Héctor Garrido realizó alrededor de 250 retratos y fotografías a personas de las artes, la cultura, la sociedad, la ciencia y el deporte en Cuba que, tras una cuidadosa selección, devino en el libro Cuba iluminada. En paralelo a esa alineación de estrellas, de ese “acto de memoria” –como calificara el texto el escritor cubano Leonardo Padura- , tendría lugar otra determinante confluencia para el posterior disfrute de este inmueble centenario de la calle 2, cuya construcción data de 1919.

Héctor Garrido y la actriz Laura de la Uz, compañeros de vida y creación, querían cumplir un sueño. Querían tener un espacio donde dar rienda suelta a sus ideas, proyectos y vínculos con otros creadores, así como apoyar la creación de otros artistas y el contacto con el público. Y por supuesto, que fuera algo rentable. Era un momento en el que se habría nuevas posibilidades en Cuba, el turismo estaba despuntando bastante y se les presentó la oportunidad de emprender, de la mano del arquitecto alemán Hans Nerlinger y la diseñadora de interiores Ute Mergner.
“Dos alemanes, un andaluz y una cubana: tenía que salir un resultado bonito”, dice De la Uz. Los cuatro socios meditaron durante un tiempo cada detalle del futuro proyecto y los alemanes lanzaron la idea definitiva: un hotel boutique. Artehotel es uno de los primeros espacios ubicados en La Habana que respondió a este concepto de alejamiento con pocas habitaciones, en comparación con los hoteles del turismo de masas, con servicios especializados y dotados de exclusividad para sus huéspedes.
Quien ha visitado este lugar sabe que no se trata de un hotel boutique cualquiera. En eso tuvo que ver, a la hora de proyectar el diseño de interiores de la residencia, Ute Mergner y su visión reveladora, determinante para el concepto que distingue al lugar. Se inspiró en Cuba iluminada, el libro de Garrido, en sus fotografías, donde hay imágenes de personalidades de las artes y la cultura; a partir de ahí decidieron que cada una de las 6 habitaciones tributara conceptualmente a una manifestación del arte.
Y así, el huésped puede sorprenderse con la primera habitación, que responde a la temática del séptimo arte. Allí se topará con fotografías de Fernando Pérez y Mirtha Ibarra, dos tótems del cine cubano y la singularidad que suponen algunos atrezos cinematográficos de Laura de la Uz, exhibidos en una vitrina: el vestido original de Ana, que la actriz utilizara en La película de Ana (2012), de Daniel Díaz Torres y la cartera original de Zobeida, en El cuerno de la abundancia (2008) de Juan Carlos Tabio. Ineludible resulta el vitral del baño de esa habitación, convenientemente restaurado, donde un flamenco resplandece en medio de la naturaleza tropical de tonos azul, verde y mostaza.
El cine es el primer motivo, de otros dispuestos a lo largo de un amplio, impoluto y acogedor pasillo, flanqueado por puertas azules y amplios espejos. Le sigue la Plástica, donde un cuadro original del pintor Juan Moreira dialoga con una imagen de Alfredo Sosabravo y otra de Zayda del Río y una de las joyas de la casa: una mesa restaurada e intervenida por Ernesto Rancaño.

Seguimos por el pasillo fresco, luminoso y entramos a la Suite Poesía, con la mirada de Carilda Oliver, coqueta como siempre; sus manos, tan arrugadas como delicadas y sus versos –Me desordeno, amor, me desordeno-, como un pretexto para el buen descanso.

Como un buen estándar de jazz se abre la puerta de la habitación Música y la imagen de un solvente Bobby Carcassés, a la trompeta, nos sorprende junto a un dibujo –de la obra que sirviera de cartel a la edición de Jazz Plaza 2024- firmado por él, pintado en la pared donde mismo cuelga el instrumento de viento. Frente a frente, la novia del feeling, Omara Portuondo y el rey cubano del jazz, Chucho Valdés, en perfecta complicidad.

Entonces llegamos a la habitación más pequeña de la casa y “la más vendida”, nos cuentan. La Danza se abre y una Viengsay Valdés, como un cisne blanco poseído, pareciera que viene hacia quien accede a la habitación, donde también hay una referencia a Lizt Alfonso. Son imágenes, todas estas, con las que es posible contar un país desde quehacer artístico y su producción cultural.

Al final del pasillo nos sorprende una cabaña exterior, prácticamente independiente de la casa. Autores es el nombre de la sexta habitación que, a diferencia del resto, cuenta con cocina y saleta, además de un portal ideal para fumadores, en el exterior de una residencia que se define como un lugar libre de humo.
Artehotel ofrece así, apenas desde el diseño, la experiencia del descubrimiento del arte que brota en Cuba. Y pienso en quien llega por primera vez a estas tierras. Sin duda, hay en este espacio la mejor vitrina que pudiera existir de nuestra cultura y el mejor amortiguador para que el visitante luego pueda salir a la calle y descubrir las diferentes realidades que conviven en la Cuba de hoy. Las fotografías de Garrido establecen el relato más allá del marco privado de las habitaciones: están por toda la casa e interpelan a cualquier visitante, extranjero o local.
Apenas se accede al recinto, en la planta baja nos recibe una desenfrenada Broselianda Hernández, cuchillo en mano –otra de las imágenes-; en el recibidor, una Laurita de la Uz hace gala de su versatilidad, luciendo varias expresiones como en imágenes de fotomatón. Según subimos al piso superior, para acceder a Artehotel, sentimos que la atmósfera cambia, mejora. Entonces aparecen imágenes que muestran secuencias geométricas irregulares, intrigantes: son de la serie Fractales, de Héctor Garrido.

Vemos libros de arte abundando el espacio que funge como lobby superior –en una vitrina se exhiben para la venta algunos ejemplares de libros de Leonardo Padura y Pedro Juan Gutiérrez, por ejemplo-, hay un piano de pared curtido por los años y muebles de diseño que aportan ese aura de confort y distinción.
Hay otra sala, rodeada de ventanales que permiten que el aire circule amplio y se mezcle con el sonido de los árboles que atrincheran la entrada y permiten ese efecto de lugar apartado en medio del fragor del Vedado habanero. Y hay otro piano en esa sala. Es un piano de cola que han tocado importantes músicos que han descargado en ese lugar, en ese espacio que lo mismo ha servido para realizar conciertos, obras de teatro, conferencias, cenas, sesiones de yoga. Las efigies del escultor Rafael San Juan, que permanece expuestas allí, han visto maravillas entre esas paredes.

“Artehotel es un sitio donde se cultiva cultura”, así define Héctor Garrido el trabajo realizado en esta casa, por la que han pasado cientos de personalidades, cubanas e internacionales, entre escritores, músicos, teatreros, directores de cine, actores y actrices, ya sea como huéspedes o por el puro placer de pasar a compartir entre amigos y realizar algún evento para el público. Así han pasado por allí, desde Benicio del Toro, Ricardo y Chino Darín, hasta Elena Anaya, Miguel Ángel Silvestre, científicos de Harvard, atletas de élite.
Para Garrido, ser anfitrión de este espacio junto a Laura de la Uz, como rostros visibles del proyecto, “es algo consustancial de nuestras vidas. Hacemos lo mismo en España, en el evento CubaCultura con el Centro de Arte ‘Harina de otro costal’. Artehotel es un hermano en Cuba de ese espacio; comparte muchas características, como una programación bien pensada, tanto de literatura, como conversatorios, presentaciones de discos, de documentales, las descargas. Todo está enfocado en ofrecer un alto nivel de propuesta artística, también para el público local”.
Artehotel ha seguido creciendo en los últimos años y lo ha hecho hacia arriba. Zunzún Café es la terraza del local, la apuesta más reciente de sus gestores, donde ya han acontecido inolvidables momentos, desde su inauguración, con u concierto de Raúl Paz, hasta el que es considerado, hasta la fecha, el último concierto en La Habana del grupo Interactivo, de Roberto Carcasses, esa troupe maravillosa de músicos que puso caliente la terraza de Artehotel en una noche que ha quedado prendida en los ánimos de muchos que la vivieron.

Zunzún Café debe su nombre, por supuesto, al ave autóctona cubana, de la cual algunos ejemplares suelen acercarse al recinto, previa facilitación de condiciones naturales para ello. La terraza es un peldaño más arriba en el empeño de sus gestores por garantizar el confort de sus visitantes. Allí es posible disfrutar de una parte de la vista de la ciudad, con el mar en el horizonte y el fresco que esas aguas nos regalan. Incluso hay un futbolín y uno puede contemplar el paisaje tomando un estimulante Mojito “Artehotel” que, entre sus ingredientes, cuenta con la carambola o fruta de estrella.

La terraza les ha servido a sus gestores para llevar adelante un proyecto con cierto impacto en un sector del público local. Laura de la Uz tuvo la idea y llevaron adelante el proyecto Ellas bailan solas, una fiesta solo para mujeres, que fuera un espacio seguro para celebrar.
Ocurrió durante todo un verano y esperan retomarlo pronto. “Las mujeres me han pedido que vuelva a realizarlo, porque realmente fue un espacio importante para ellas. Eran eventos temáticos, un día sobre emprendimientos, otro día cantábamos, luego bailábamos un baile nuevo para todas y después se desarrollaban conversaciones y encuentros muy interesantes. Venía gente de barrios distantes y propusimos precios que fueran accesibles para todo tipo de mujeres, no solo para aquellas con un alto poder adquisitivo. Yo quería que vinieran mujeres de todos los estratos sociales, que fuera un espacio democrático, y lo logramos. Fue una apuesta exitosa y la retomaremos”, explica la actriz.
Con estas experiencias se explica por qué Artehotel es un lugar sui generis, no solo por quiénes son sus anfitriones, sino porque desde su inauguración en 2017, el espacio ha demostrado ser más que un negocio. Es un proyecto cultural capaz de ser plaza para la conversación y la creación entre personas de todas las vertientes artísticas y culturales. Es una dicha poder contar, en La Habana, con un lugar de esta envergadura.
Fotos: Cortesía de Héctor Garrido
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